Los sonidos del eclipse
MT. ARACELI ONORIO

Del Informe: "Mi huella en el lodo de Acteal":
Extracto del informe presentado al Centro de Derechos Humanos Fray Bmé de las Casas En ocasión de integrar Las brigadas civiles de observación
Acteal, Chiapas, México
Enero del 2002
"Queríamos ser maestros del pueblo, acabamos siendo discípulos del pueblo"

Cuando atravesé el zócalo de San Cristóbal de las Casas, un aire limpio me iba rozando, las nubes a esas horas tempranas se veían suspendidas sobre los cerros, el cielo mostraba manchones azules pronosticando un buen día. Mis compañeros de viaje, un periodista compatriota y una gringa agrónoma con quién compartí el curso en el centro de derechos humanos, cargaban como yo en sus mochilas, el arroz, frijol, cubitos, cebollas y toneladas de expectativas.
En el taxi hacia los altos de Chiapas, vimos pasar tanquetas y camiones cargados de soldados. Después de disimular en los 3 retenes migratorios donde tomaron minuciosamente nuestros datos, bajamos frente a la casilla de la brigada Acteal Abejas.
Nos presentamos, nos sonríen, nos dan la bienvenida y después de verificar credenciales nos permiten pasar a la comunidad. En la cocina comunitaria las mujeres nos ofrecen café mientras reciben lo que llevamos.
Curiosamente recordé mi paso por las comunidades de la selva Lacandona, años atrás, donde desde el confort del auto veía los colores, las vestimentas, las trenzas, sus artesanías...y hoy, subiendo entre las casas, bajando, contemplando observo desde adentro y la historia se revierte sólo por un momento y soy yo quién mira en la carretera pasar tanquetas, humers, camioneta de la poli estatal y un convoy de camiones trasladando soldados...y todo esto en sólo 15 minutos.
Dejé mis cosas en la cabaña y caminé hacia las "Bases" junto a Gloria, una brigadista mexicana que está apoyando a los niños dos veces por semana en un taller de juego.
Nos identificamos y nos permitieron pasar. Las Bases, es la parte de la comunidad de Acteal que está armada. Se la conoce como "la Acteal zapatista" y en la entrada, cierra el paso una soga y un vigía armado.
Compartimos con los niños el taller de recreación, muy bien dotado, de materiales donados por las ong. Gloria me cuenta que un observador pintó un avión ( rayuela) en el patio y que luego les enseñó a jugar, unos niños trepan por el enrejado y se deslizan por la resbaladilla mientras al fondo, arriba, sobre la carretera, como enmarcando el paisaje se ven pasar constantemente camiones, soldados y camionetas de la cruz roja.
Llama mi atención una tanqueta que se detiene, y hace girar su cañón apuntando a la escuelita. Ninguno de los niños la mira, pero uno de ellos comienza con su voz a imitar el sonido de una ametralladora y comienza un juego de corridas, escondidas y carcajadas. Yo puedo reaccionar cuando la presencia militar desaparece.
Unos niños cabalgan en un caballito de palo, otros arriman mesitas y juegan dominó, memoria, rompecabezas, dibujan bajo la vigilancia de Pedro, el promotor encargado del taller votado por la comunidad por su nivel de responsabilidad y su amor a los niños.
De repente veo un cajón lleno de instrumentos de percusión. Gloria me comenta que por no saber de música sólo lo usa para exploración libre de sonidos. Lo tomo y lo llevo al centro del patio soleado. Tímidamente algunos niños se van acercando y se sientan alrededor . De a uno, los iban sacando, iban tocando y lo dejaban por otro. Lo que en un principio fue un juego paralelo se fue transformando en una exploración compartida, hasta que de la mano de uno de ellos me llegó la invitación a tocar un tamborcito "repique" según Gloria me explicó que lo llamaban, comencé a frotar entre mis manos el palillo y los tientos con piedritas comenzaron a bailar percutiendo rápidamente sobre el parche, entonces imité con mi voz el sonido de la metralla, que era similar al del tambor y todos los chicos corrieron en círculo gritando hasta que me detuve y riendo se sentaron.
Me tocaban las manos, los dedos y se dio una sesión de caricias entre todos, entonces comencé a cantar "Con un dedo tengo uno, con dos dedos tengo dos y con todos mis deditos la caricia es para vos", dramatizando la canción y acariciando al final a las niñas de cada lado. Ellos me miraban e imitaban sin comprender mi lengua. Gloria se acerca e intenta traducir
Con un dedo tengo uno jun smej je obtic lii
Con dos dedos tengo dos chin smej je obtic lii
Y con todos mis deditos scotol je obtic lii
La caricia es para vos xcuxet coton tic.

La gravamos y los niños y su promotor sonrieron felices y aplaudieron el hallazgo. Me emocionó sobremanera que Pedro me autorizara a tomar-me una foto mientras acompañábamos la canción con los instrumentos.
Por la tarde me acerco a la doble hilera de bancos bajo el gran alero a compartir la ceremonia que, desde aquel diciembre del 97, celebran la oración junto al templo donde sepultaron a las víctimas de la masacre. Los paramilitares mataron a 9 hombres, 21 mujeres y 14 niños mientras oraban. Las mujeres se sientan a la izquierda y los hombres a la derecha. Inicia la ceremonia en tzotzil y las mujeres se cubren con su rebozo, se arrodillan y oran primero en su lengua, después sólo, los hombres en español. A mi lado, una anciana toma mi brazo diciendo "tacoman" "estas con todos"... y un hombre agregó.".gracias por venir."....
Detrás del árbol de aguacate brilla la luna llena sobre los colores del atardecer, los cerros azules más altos y lejanos, se recortan sobre la rosa, y los verdes más cercanos, contrastan entre el fondo y el valle. Es el momento en que observadores, brigadistas y refugiados- desplazados, tomamos café y presenciamos el ensayo de los músicos de Acteal Abejas. Sus canciones cuentan que fueron obligaron a dejar sus casas, su parcela, y desmontaron su estructura social y productiva. En este asentamiento se denominaron Abejas, por ser laboriosas y organizadas.
Comimos los consabidos frijoles, tortillas de maíz y un rico café. Desayunamos frijoles, tortilla de maíz y un rico café. En la cocina comunitaria una mujer va anotando en una libreta la porción de tortillas que los niños traen para cooperar.
Los hombres partieron a la corta de café y con Gloria subimos el cerro y fuimos a la otra escuelita, la que corresponde a Acteal Abejas. Me encontré con la misma cantidad de material que en las bases, la misma disposición de los adultos pero con una gran hiperactividad por parte de los niños, misma que no les permitía disfrutar de un juego completo. Los juguetes se convertían en proyectiles que atajaban o deslizaban y se percibía un elevado monto de ansiedad que se transformaba en descontrol y no posibilitaba el contacto corporal. Hace 6 meses que conocen a Gloria y la comunicación se reduce a pedir todo, intentar jugar, escapar, cambiar de objeto apenas tomarse las manos para rondar y soltar, apenas escuchar una canción.
Otra caja con instrumentos que deposité en el centro del salón y la imposibilidad de explorarlos más de dos segundos...yo podía no haber estado, tuve la sensación de no ser percibida. ¿quizás sí?
Con mucho esfuerzo logramos jugar al tren, quizás porque andaba sin detenerse y se dirigía de vuelta a la comunidad. En esa bajada, nos acompañaron de cerca, tomándonos de la mano.
Llegamos para la hora de la oración. A las 5 oraron y lloraron como si no lo hubieran hecho el día anterior, y el anterior del anterior. Así anduve los caminos y los sonidos de Acteal, de las Bases a las abejas, me escribieron un acta de acuerdo en la cual me agredecen haber estado en el campamento y me piden que los lleve en su corazón y que sea su voz donde ellos no pueden llegar.
La última noche nos despertaron sonidos de palos, pedradas contra chapas, contra piedras, llegaba de la zona de Acteal zapatista. Nos invadió el temor y los 3 observadores salimos cautelosos. Los sonidos se hicieron cada vez más fuertes y ya con presencia en nuestra comunidad. Sin embargo no se oían voces, ni pasos, todo parecía en calma., Desde el centro despejado del caserío, se veía claramente cada casa, cada piedra, cada montaña, cada árbol recortado sobre el fondo de un cielo limpio y estrellado. Delante nuestro, nuestras sombras. Y Don Marcos bajando de su casa con una vela encendida. Al ver nuestras caras de pánico sonrió y nos tranquilizó señalando la enorme luna eclipsada desde un sector de bruma rojiza y dijo " La luna es la parte mujer de Dios. El sol es su parte hombre. La luna está hecha para brillar como nuestras mujeres. Nosotros no queremos que nada la opaque y ayudamos a la luna desde abajo para que se vaya la oscuridad. También prendemos una vela a nuestras mujeres para que nada las dañe." Antes de retirarse agregó..."ustedes creen en Santa Clos, nosotros seguimos nuestras tradiciones."
Esa noche el eclipse finalizó a las 2.40 AM y nosotros cooperamos con sonidos.
Araceli Onorio.
aracelionorio@yahoo.com.ar
Musicoterapeuta egresada de la USAL, desarrollo la mayor parte de su carrera profesional en el sureste mexicano, trabajando en el ámbito comunitario y preventivo. Sistemáticamente Desde 1982 a 1998.
El centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, fundado en 1989, por la diócesis de San Cristóbal de las Casas y su obispo Samuel Ruiz García, tiene como objetivo atender los casas de violación de derechos humanos que se presentan en las comunidades indígenas marginada